Abrí los ojos, pero un manto de oscuridad se extendía mas allá de donde alcanzaba mi vista. No notaba suelo bajo mis pies, pero tampoco me notaba caer. Extrañado, traté de hacer memoria, y para mi asombro recordaba todo a la perfección, todos los detalles, pero por encima de ellos predominaban un par de ojos oscuros, enmarcando unas pupilas de luz.
Y en ese momento, todo se iluminó.
En esta ocasión si noté el impacto de mis huesos contra el suelo. Ahogué un jadeo, mientras notaba como el dolor se expandía por mi cuerpo, y me puse en pie, no sin cierto esfuerzo.
Una multitud vociferaba en las gradas de un Anfiteatro Romano, y yo, en medio, los miraba sin comprender, tardé unos segundos en descubrir que me aclamaban a mi, y en el momento en el que lo hice, tomé conciencia de la espada que sostenía con la mano derecha. Era una buena espada, de eso no había duda, ligera como una pluma pero de una longitud considerable. La empuñadura, forjada en algún tipo de metal rojo, refulgía en mi puño como si de fuego fundido en hierro se tratase, y la hoja, completamente negra, se asemejaba a una serpiente, siempre en tensión. Siempre letal.
También reparé en que la única prenda que cubría mi cuerpo consistía en una túnica del color de la sangre. <<¿Dónde estoy?>> Me pregunté consternado. Lo último que recordaba era un rostro pálido, iluminado por la luz de la Luna, con una tierna sonrisa en los labios.
Y en el momento en el que recordé sus labios, los espectadores rugieron con mas ímpetu, me giré en todas las direcciones, y se me cayó el alma a los pies al reparar en la enorme figura que avanzaba hacia mí.
Debía de medir 2 metros, y su armadura de obsidiana reflejaba la luz del sol, cegándome cuando realizaba determinados movimientos. Su andar orgulloso me hizo comprender que no notaba el peso del enorme mangual que hacía girar sobre su cabeza. Un mangual terrible, cuya bola tendría el diámetro de una rueda de bicicleta. Tapaba su rostro con una máscara blanca, sin ningún tipo de distintivo exceptuando un dibujo en forma de media luna, apostado en el lugar que debería ocupar su boca, y emulando una macabra sonrisa.
<<¿Tengo que pelear contra eso?>> Mi expresión aterrada debió de ser demasiado cómica, ya que mi oponente se echó a reír. Su risa me heló la sangre. Se asemejaba a un gorjeo gutural, rociado con un toque de crueldad espeluznante.
Entonces lo comprendí todo. Aquel ser amenazante no era mas que una parte de mi mismo, y aquel coliseo, no mas que mi interior. Por ello no me tembló la voz cuando me encaré a él.
-Eres patético -le espeté mientras una sonrisa amarga pugnaba por curvar las comisuras de mis labios- Temes que me enamore, y has preparado ésta especie de 'defensa' ¿Acobardarme conmigo mismo? Curratelo un poco mas.
Mis últimas palabras estaban cargadas de desprecio. Mi yo de la armadura bajó el arma, y la cabeza del mangual golpeó con violencia el suelo, levantando una nube de polvo y tierra.
-Tu poseerás una armadura, y un arma imponente.-proseguí-Pero yo cuento con el mas fuerte de los sentimientos... El amor.
A cada palabra que pronunciaba, aquel titán iba empequeñeciendo, hasta que no fue mas que una sombra, incapaz de sostenerse en pie.
-Esta vez, no necesito máscaras ni armaduras.
Con estas palabras concluí mi breve discurso, y la bestia desapareció por completo. La arena se sumió en un silencio depulcral, y, de pronto, ya no estaba allí, si no en mi cama. Me levanté con una sonrisa en los labios y me dirigí al ordenador. 'Buenos días, princesa' tecleé.
miércoles, 11 de enero de 2012
sábado, 31 de diciembre de 2011
Y derritiré tu Muro de Hielo.
Siempre fui un caballero
Y te ayudaré a recoger los pedazos de tu corazón.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Avanzo lentamente por una concurrida avenida de níveo pavimento. A mi alrededor una interminable marea humana camina apresurada, sin mirarse, procurando no tocarse, y sin reflejar ni un ápice de emoción en sus rostros vacíos.
domingo, 18 de diciembre de 2011
El chico junto a mí contenía la respiración, en sus ojos, un brillo divertido. Se giró hacia mí, situando su dedo índice en sus traviesos labios. Juntos en la noche de la Ciudad de los Malditos, todos nos pertenecía, todo menos nuestras propias palabras. Por eso callábamos, no hay mayor cárcel que las palabras, recordé amargamente.
Mi compañero se impulsó hacia delante, con un brusco movimiento de sus poderosas piernas, y yo, tras esperar apenas un segundo, hice lo propio. Edificios y personas sin rostro se sucedían a mi alrededor, borrosos por la velocidad vertiginosa que mantenía. Ignorantes, pensé con una media sonrisa, si supieran el peligro que se cierne sobre ellos no gastarían su tiempo con tanta facilidad.
Me detuve en los tejados de un deteriorado bloque de pisos, la ciudad, a mis pies, me guiñaba con toda suerte de luces de colores, y su peculiar banda sonora, rugía para mi.
Agucé la vista, en busca de una presa, alguien a quién mostrar la verdad, de gritarle con rabia que vivía una mentira, y que todo lo que siempre ha creído no vale mas que una mierda. Que sus sueños rotos será todo lo que recoga al final de su vida.
Al principio no me gustaba mi trabajo, golpear corazones hasta romperlos, a pesar de ser por una buena causa, y convertirlos en los mismo que yo y mi compañero. Pero con el tiempo... le había cogido gusto.
Divisé a mi víctima a apenas unos metros de mi, caminando inocentemente entre los despojos humanos que solo yo podía ver, haciendo caso omiso de la maldad de la ciudad. Un alma libre.
Bajé al suelo, y anduve lentamente hacia ella, con una sonrisa irónica en los labios, consciente de que no podía verme, ni siquiera intuirme. Necio de mi.
Me recibió con una mirada límpida y eximia, unas pupilas sin fondo y rebosantes de luz. Detuve mis pasos, sin fuerzas para borrar aquella estúpida mueca de mi boca. Entonces sus labios se curvaron en una sencilla sonrisa, cargada de promesas. El horror se hizo cargo de mi. Recuerdo que grité, que lloré, que reí y viví.
Mas tarde desperté entre basura, con inmundicias merodeando mi cuerpo, plagado de cicatrices y quemaduras. Me habían arrancado los labios, y con horror observé que mi corazón latía de nuevo. Intenté arrancarme la piel allí mismo, entre lágrimas y sin comprender que pasaba.
Ahora me he acostumbrado, vivo de nuevo, mis labios se regeneraron, pero nunca mi alma, ni mi corazón. Ahora soy preso del mismo castigo que imponía a mis víctimas...
Si, el cazador cazado.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Hace 2 días, el 8 de Diciembre tuve la oportunidad de ver a mi grupo favorito en directo... Pude escuchar la voz de Joacim Cans vibrando en mis oídos y ver a Oscar sacárse solos imprsionantes en primera fila *o*
Además tengo la púa de Oscar y la de los Vicious, Amaranthe no estuvo tan bién, pero no se quedó atras!
martes, 22 de noviembre de 2011
Es lo que debería hacer... olvidarte ¿No? Al fin y al cabo, en todo este tiempo solo me he hecho daño... ¿Cuanto tiempo, 2, 3 meses? Ya no los cuento.
Me notarás raro, distante, ya no te comento, no te llamo y me muestro reacio a responder a tus abrazos.
No espero que me entiendas... pero me duele demasiado. Me duele sentirte tan cerca, sentir tus labios sobre mi mejilla y saber que jamás serán míos. Puede que suene patético, infantil o egoísta, pero como ya he dicho, no espero que me entiendas, no espero que nadie lo haga.
Y aún así sacaba fuerzas, de Lucifer sabe donde, para sonreír a diario. Levantarme y aguantar todo el día sin derrumbarme, simplemente aguardando la hora en la que la Luna saliera y alumbrara mi tez con su pálido resplandor, para que así se solidificaran mis lágrimas de cristal.
Pero a penas termino de escribir estas lineas, me doy cuenta de que me transformo en lo que siempre he odiado. Parezco un victimista de mierda, solo me lamento y me lamo las heridas en silencio. Y he comprendido, que esa no es la solución.
Alzaré mi pecho y aguantaré golpe tras golpe, orgulloso, y no me dejaré amedrentar por ninguna herida, por fatal que sea.
Pero voy a dejar de fingir. Para aparentar estoy feliz, prefiero permanecer impasible.
martes, 1 de noviembre de 2011
Cortamos nuestras raíces con la Madre hace siglos, el mismo día que vimos mas importante nuestro beneficio que a Gaia.
Atrás ha quedado la cultura Celta, atrás han quedado la largas noches bajo las estrellas. Y el Sistema Capitalista impuesto por los yanquees y los antiguos burgueses, ha ahogado todo amago de queja por parte de los Nuevos Druidas. ¿Qué es un árbol frente a un millón de dólares?
Para ti puede que nada, para mi es vida, y una vida no se puede comprar.
Las Gentes del Bosque, horrorizados por la saña que sus hermanos mostraban con la Madre, se escondieron en lo mas profundo del bosque, los mismos bosques que talamos por nuestra supuesta felicidad.
El ser Humano me da asco, lo desprecio con cada parte de mi Ser.
Y sin embargo, no puedo huir de esto, o al menos no por ahora. Esperaré la Venganza de Gaia, esperaré el Despertar. Y, entonces, sentado sobre las ramas de un roble me reiré del patetismo humano.
